Sobre el uso excesivo de Jergas y Argots en las novelas de cualquier género.

miércoles, marzo 18, 2015 3 Comments A+ a-






¿Recuerdan que en la entrada de la semana pasada les hablé sobre la importancia y el cuidado que merecen las escenas eróticas al momento de escribirlas? Bueno, esta semana voy a seguir con el tema del por qué los escritores -y traductores- de habla hispana, debemos ser universales a la hora de escribir -o traducir- las novelas, pero a nivel general.
En muchos libros, nos encontramos con palabras o frases que son propias de la jerga o argot de un país en el que, el idioma principal, es el español. Como escritora, no dudo que sea más fácil escribir con las palabras que usamos y conocemos desde que nacimos, siempre será lo más cómodo y más fácil. Pero no siempre, lo más cómodo y fácil nos lleva a alcanzar el éxito. Sobre todo en las novelas.
En estos días, recibí un mail con el origen y significado de algunas expresiones venezolanas y eso, me recordó que cuando me inicié en la escritura, solía usar muchas expresiones venezolanas que ningún otro ser humano de habla hispana entendería, o tal vez, entendería cosas diferentes. Porque como les mencioné la semana pasada, hay muchas palabras comunes que no tienen el mismo significado en todos los países en donde el idioma oficial es el español.
Con ese mail, se me ocurrió escribir esta entrada y ponerles un ejemplo de cómo quedaría una narración usando esas expresiones venezolanas para que puedan entender a qué me refiero con todo esto y les hago una “traducción” simultánea a un español más universal: 

Patricia había terminado de recoger los corotos en la cocina, cuando su teléfono sonó.
(Patricia había terminado de recoger los trastes en la cocina, cuando su teléfono sonó)

—¿Aló? —respondió.
(¿Hola?)

—¿Qué más chama? ¿Cómo estás?
(¿Cómo estás, amiga?)

—Bien amiga y ¿tú?
(Bien amiga y ¿tú?)

—Con ganas de salir a rumbear. Vamos a caernos a palos esta noche y a gozar un puyero.
(Con ganas de irme de fiesta esta noche. Vamos a salir divertirnos y tomarnos unos tragos)

—Mmm no. Tengo ganas de echarme un camarón ahora en la tarde y después, sentarme a ver una peli comiendo cotufas. Además, no tengo carro hoy —respondió Patricia a su amiga.
(Mmm no. Tengo ganas de tomar una siesta hoy en la tarde y después, sentarme a ver una peli comiendo palomitas de maíz. Además, no tengo el coche hoy)

 Chama, tienes tiempo que no sales y estoy cansada de llamarte y jalarte bola para que me acompañes a rumbear. Nos encontramos allá y después, yo te doy la cola de regreso a tu casa.
(Amiga, tienes tiempo que no sales y estoy cansada de rogarte para que me acompañes a salir de fiesta. Nos encontramos allá y después, puedo llevarte de regreso a tu casa.)

Patricia sonrió. Su pana Carolina, tenía razón.
(Patricia sonrió. Su amiga Carolina, tenía razón)

Dale pues, está bien. Vamos a echarle pichón a eso.
(Ok, está bien. Vamos a salir.)

Se pusieron de acuerdo y se encontraron en la discoteca de moda en la ciudad.
El guachimán de la entrada de la discoteca, les sonrió al verlas llegar.
(El guardia de seguridad de la discoteca, les sonrió al verlas llegar.)

—¿Tiempo que no se pasaban por aquí no? —les dijo el guachimán a modo de saludo.

—¿Qué pasó Chino? ¿Todo fino? —Patricia y Carolina conocían al hombre.
(¿Cómo estás, Chino? ¿Todo bien? -“Chino” es el sobrenombre del hombre, usualmente, todos los guardias de seguridad en las discotecas venezolanas tienen ese tipo de sobrenombres-)

—Si vale, todo fino. Hoy son 25 bolos la entrada con derecho a cuatro birras o dos palos de ron.
(Si, todo bien, gracias. Hoy son 25 bolívares la entrada con derecho a cuatro cervezas o dos tragos de ron)

—¿Me estás mamando gallo? —preguntó Patricia con picardía al guachimán.
(¿Me estás jugando una broma? —preguntó Patricia con picardía al guardia de seguridad.)

—25 bolos —le respondió él sonriendo—. A bajarse de la mula.
(25 bolívares —le respondió él sonriendo—. Vamos, a pagar.)

Ellas sacaron el dinero sin dejar de protestar.
Roberto y Juan, ya llevaban un rato en el local cuando ellas llegaron.
—¿Estás viendo ese par de chamas que acaban de llegar? —le dijo Roberto a Juan en tanto le hacía señas para que viera hacia donde estaban las chicas.
(¿Estás viendo a esas dos chicas que acaban de llegar?)

—Están buenísimas.
(Son muy guapas.)

—Creo que esta noche, vamos a tener la leche de echar un polvo.
(Creo que esta noche, vamos a tener la suerte de tener sexo.)

Juan soltó una carcajada.
—No tienes remedio Roberto, te la pasas de polvo en polvo porque a todas les dejas el pelero a la mañana siguiente.
(No tienes remedio Roberto, te la pasas teniendo sexo con cualquier chica y las abandonas a la mañana siguiente.)

—Es que todavía no he pasado el guayabo con Andrea. Esa chama me dio duro.
(Es que todavía no he pasado el despecho por Andrea. Esa chica me dejó muy mal.)

—¿Vas a seguir, Abigail? —respondió irónico Juan—. ¿Hasta cuándo con la historia de Andrea? A ver si un día de estos agarras una buena pea de una vez por todas y te la sacas de la cabeza. Esa tipa te montó cachos, te dejó con tus macundales en la calle y pelando más bola que un fugitivo.
(¿Vas a seguir lamentándote? —respondió ironicó Juan—. ¿Hasta cuándo vas a recordar a Andrea? A ver si un día de estos, agarras una buena borrachera para que de una vez por todas te olvides de ella. Esa mujer te puso los cuernos, te echó a la calle con todas tus cosas y te quitó todo el dinero que tenías.)

—Si güebón, que chimba esa vaina que me hizo esa pana.
(Si, la verdad es que estuvo muy mal todo lo que me hizo esa chica.)

—Ya cállate y ve a echarle los perros a la catira.
(Ya cállate y ve a conquistar a la rubia.) 

Roberto sonrió y fue directo hacia donde estaba Patricia. 

Aquí les dejo el significado y origen de cada una de esas palabras con las que desarrollé la escena anterior:
Chamo - Chama: Una palabra que nos distingue en muchos países de Latinoamérica. Viene de “Chum” que en inglés significa amigo o camarada.
Dar la cola: Lo utilizamos para la acción de pedir un aventón, que nos lleven a algún lugar. Se cree que viene de la guerra de la independencia donde los soldados rasos le pedían a oficiales amigos que los llevasen en la grupa o cola del caballo para descansar los pies en sus largas travesías.
Jalar Bola: Se utiliza como expresión vulgar de adular, halagar exageradamente a alguien o intentar persuadirlo de forma zalamera o insistente. El “jalabola” es quien ejecuta la acción. Contrario a lo que se cree no tiene nada que ver con halar testículos, cosa que sería dolorosa. Su origen data de las viejas cárceles venezolanas donde los presos usaban grilletes. Aquellos con mayor poder económico o influencia tenían a su “jalabolas” particular que los ayudaba a cargar o arrimar las pesadas bolas de hierro que tenían aferradas a sus tobillos con cadenas.
Corotos: Sinónimo popular de cosas, objetos genéricos. El expresidente Antonio Guzman Blanco tenía una gran colección de cuadros del artista francés Jean Baptiste Corot.  Cada vez que tenía que cambiar de residencia le pedía a los empleados y personas de la servidumbre “¡Cuidado con los Corots! Para que tuvieran precaución al embalar y trasladar los cuadros. Luego estos empleados fueron generalizando la palabra a todos los objetos de la casa.
Echarse los palos: Beber licor. Al abolirse la esclavitud, los hacendados se negaron a pagarle a sus antiguos sirvientes con monedas de plata. Por lo que hacían tablillas con el sello de la hacienda para que pudieran ser canjeadas en las pulperías y bodegas por víveres. Muchos preferían comprar licor por lo que pedían “un palito de ron”, “un palo de miche”, etc. Al tener que contar en que habían despilfarrado las tablillas o palitos decían “me eché los palos”.
Dejar el pelero: Significa huir rápidamente de un lugar. Se dice que los indígenas venezolanos al seguir el rastro de una presa decían que la misma había salido corriendo al dejar rastros de pelo en el suelo o en la pared de su refugio. “Dejó el pelero” al sentirse amenazada.
Echarle pichón: Significa hacer un esfuerzo para lograr algo. En los antiguos pueblos y ciudades venezolanas, el agua se obtenía de bombas o fuentes públicas que había que utilizar con esfuerzo físico. Estas bombas tenían un letrero que decía “Push on”, para indicar que había que empujar la palanca para lograr extraer el agua. Al venezolanizarse quedó la expresión “Echarle pichón” para señalar a alguien que tenía que sacar el agua haciendo fuerza en la palanca.
Echar un polvo: En el siglo XIX y comienzos del siglo XX se popularizó el uso del rapé, (polvo de tabaco inhalado). Como cortesía los hombres se lo ofrecían a las damas: ¿Quiere echar un polvo? Muchas veces los mismos tenían urgencia de inhalarlos por el síndrome de abstinencia y se ausentaban de la reunión social para hacerlo en solitario ya que era de mala educación hacerlo en público. Sin embargo no siempre era para esto sino para tener un encuentro sexual furtivo con una damisela.
Guachimán: Vigilante o sereno. Viene del inglés venezolanizado Watchman.
Bajarse de la Mula: Pagar una deuda o pagar por participar en una fiesta o celebración.  Si vienes a la fiesta, te bajas de la mula. Su origen viene de la época de la Colonia, cuando le cobraban una deuda a una persona, que iba montado en una mula, y ésta decía que no tenía dinero, le aceptaban la mula como pago, y tenía que “bajarse de la mula”  para poder entregarla.
Macundales: Las compañías extranjeras que extraían el petróleo venezolano traían un conjunto de herramientas de la marca “Mack and Dale”. Cuando terminaba la faena, los obreros venezolanos acuñaron la expresión “recojan los macundales” para referirse a dichas herramientas de trabajo.
Pela bolas. Pelar Bolas: Proviene del hecho de que un jugador de béisbol no es capaz de realizar atrapadas es cuestionado y relegado al banco o separado del equipo. Por lo que es visto como alguien de poco valor, importancia o utilidad. En su uso actual se asocia con la carencia de valores económicos por lo que no es tomado en cuenta.
Güebón: Los animales de granja con genitales muy grandes suelen tener un andar lento y torpe. De ahí que hoy en día se use este adjetivo para señalar personas torpes o con poca sagacidad.
Gozar un puyero: Pasarla muy bien. Antiguamente (hasta hace 30 años) existían monedas de 5 céntimos llamadas “puyas” o “chivas”. Solía dárseles a los niños para que compraran golosinas o chucherías lo cual les causaba alegría.
Mamar gallo: Se usa para denotar que a alguien se le está haciendo una jugarreta. En las peleas de gallos se acostumbra a succionar la cabeza del gallo para que este se vuelva desconcertado y a la hora de la lucha el mismo huya y no enfrente al otro gallo, logrando cansar a su oponente. Una vez recobrado el sentido de la orientación puede atacarlo con mayor oportunidad. Dicha práctica se considera ilegal y poco honorable y ante la sospecha de su uso se exclama: ¡Me están mamando gallo!
Echar Carro: Echar el carro es holgazanear. Está echando carro, es decir que alguien está sin hacer nada. Me echó el carro, quiere decir me embarcó.
Echar un Camarón: En las excavaciones petroleras, los capataces gringos de vez en cuando querían echar una siesta. Pero para no ser vistos por los obreros venezolanos se excusaban diciendo “I come around” (Ya vuelvo). Esta frase al venezolanizarse quedó como camarón para definir el sueñito que se echa en medio de una jornada.
Cotufa: Es nuestro pop corn o palomitas de maíz. Viene de los sacos con los granos de maíz para tal fin que tenían la inscripción “Corn to fry” que al venezolanizarse dio origen a dicha palabra.
Echar los Perros: Es la actividad de “cortejar” a las damas. Romeo le está echando los perros a Julieta. Viene del término taurino de “echarle los perros” al toro para cansarlo y ayudar al torero en su faena.
¿Vas a seguir Abigail?: En los años 80s RCTV transmitió la telenovela “Abigail”, protagonizada por Catherine Fullop y Fernando Carrillo. Dicha telenovela duro mucho tiempo al aire por lo que se tornó aburrida y monótona. ¿Vas a seguir Abigail? Lo usamos para expresar fastidio por algo insistente o que dura más de lo necesario.


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Ramón Somoza
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22 de marzo de 2015, 16:44 delete

Como todo, hay argumentos a favor y en contra del uso de la jerga. Una cosa es que todo el texto esté salpicado de palabras incomprensibles para los que no sean locales, y otra cosa es que los diálogos no deban utilizarlas.

En el texto descriptivo, el uso de jerga y argot es imperdonable. El lector debe poder entender el texto sin problemas. En el caso de diálogos, es bueno intercalar algún término que "visualice" cómo hablan los personajes, pero no hasta el punto que no se entienda el qué están diciendo.

En mi novela "Sofía y el Ángel Caído" me encontré con ese problema. Dos de las protagonistas son unas chicas de catorce años, y habría resultado inverosímil que no hablasen con algo de "jerga". Procuré reducirlo al máximo posible, pero es cierto que algún lector norteamericano se me ha quejado porque no entendía expresiones como "flipar en colorines" (estar asombradísima), o "¡No me taladres!" (deja de insistir). Pero si las chicas no hablasen como adolescentes, no habrían resultado creíbles.

Es difícil encontrar un equilibrio entre la verosimilitud de la conversación y el uso de la jerga. Lo único que puedo recomendar es tratar de utilizarla lo menos posible. No obstante, su uso a menudo es imprescindible. Una chica joven o un delincuente no hablarán jamás como un catedrático de filología.

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Stefania Gil
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23 de marzo de 2015, 2:33 delete

Hola Ramón!!!
Gracias por pasarte nuevamente a leer y dar tu opinion sobre el tema.
Tienes razón, casualmente lo comentaba con mi esposo es estos días, tras escribir este post. La "jerga" podría estar justificada para favorecer a algun personaje. En esa conversación que tuve con mi esposo, le indicaba que si un personaje dentro de la novela es extranjero, pongamos el caso de un Venezolano llegado a España, crearía escenas jocosas dentro de la trama tanto con su forma de hablar o con lo que no entendería a pesar de hablar el mismo idioma. Ocurre lo mismo con los adolescentes, ellos tienen su propio "idioma" y es recomendable usarlo dentro de la novela para hacer los personajes más creibles.
Y si, es cierto, es difícil encontrar el equilibrio a nivel general, diría yo, cuando estamos escribiendo.

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Ramón Somoza
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23 de marzo de 2015, 14:43 delete

Hola, Stefanía.

Recuerdo que hace muchos años, cuando aún había relativamente pocos suramericanos visitando España, tuvimos que intervenir porque a un señor mejicano, que sólo estaba intentando ser educado, casi le pegan.

El pobre hombre le había preguntado a alguien "si vivía en esa cuadra." Esa es la palabra que en Méjico utilizan para un bloque de casas, pero en España se dice "manzana" de casas. "Cuadra" en España es un establo para los caballos. El hombre había intentado ser educado, pero casi le pegan... Menos mal que todo se aclaró.

No sólo los libros presentan este tipo de diferencias. La última vez que fui a EE.UU., el navegador GPS insistía en llamar "redondela" a lo que en España llamamos "rotonda". Me confundía tanto que al final lo puse en inglés...

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