Mis palabras de apoyo a Venezuela...

jueves, febrero 20, 2014 0 Comments A+ a-


Tengo cuatro meses viviendo fuera de Venezuela.

Mi esposo y yo, tomamos la decisión de irnos cuando nació nuestra hija.

Rodeados de inseguridad, escasez, desmedida inflación y, un gobierno al que poco le importa su “pueblo”, como padres, nació en nosotros la preocupación por darle una mejor calidad de vida a nuestra hija.

Calidad de vida no está en el dinero que tienes, como muchos del “pueblo” piensan.

Calidad de vida es que puedas transitar por la calle sin el miedo a que te despojen de tus pertenecías. Es que no seas la próxima víctima del hampa y sus secuestros, o peor aún, que un día no regreses a casa porque el hampa descontrolada te mató porque diste más de lo que debías durante el robo-secuestro o quizá porque pusiste resistencia.

Calidad de vida es poder comer lo que quieras y cuando quieras, y no tener que hacer horas de colas esperando encontrar algo para comer. Es no temerle a las agujas del reloj viendo que se acerca la noche y que es mejor obviar las leyes de tránsito para proteger tu vida.

Calidad de vida es que sientas que tienes organismos que te respaldan y cuidan en caso de que te encuentres con alguna emergencia, sin tener que rogar por una ambulancia, una cama en un hospital o un policía honesto dispuesto a hacer su trabajo sin que “le mojes la mano”.

Eso no lo teníamos en Venezuela y la verdad es que, no queríamos convertirnos en parte de las estadísticas, cuando ya algunos familiares y amigos se habían convertido en parte de las mismas.

Mi mejor amiga, antes de mudarnos de país, me dijo algo muy sabio: irse del país no es fácil, sobre todo porque no estas a la vuelta de la esquina y no siempre vas a poder estar presente en los eventos familiares o compartir las alegrías y tristezas en persona con tus amigos, esos son los sacrificios que uno tiene que pagar cuando estas fuera de tu país. Y es la verdad.

Los últimos acontecimientos en Venezuela me han hecho sentir una profunda nostalgia por los míos y por todas aquellas cosas que me encantaban de mi país. Hoy en día no somos ni la mitad de lo que fuimos alguna vez. El odio y el resentimiento creado por los vándalos que gobiernan han creado una población que desconozco.

Recuerdo a una Venezuela preocupada por superarse, trabajadora, con buenos modales, amable, encantada de recibir visita del extranjero y enseñarles con el pecho inflado las bondades de su país. Y más orgullosos aun, cuando estando en el extranjero te preguntaban por tu país de procedencia y respondías con una gran sonrisa: Venezuela.

Recuerdo una Venezuela en la que la gente podía alcanzar sus metas, contar con el vecino a cualquier hora y para cualquier cosa y hasta recuerdo a una Venezuela llena de confianza. En la calle te podías encontrar con gente dispuesta a ayudarte si lo necesitabas. La recuerdo llena de amabilidad hacia las personas de la tercera edad, mujeres embarazadas o con niños y gente con discapacidades.

Recuerdo a una Venezuela llena de oportunidades, educada, alegre, siempre dispuesta a aprender, solidaria y responsable.

Hoy los estudiantes están siendo los que despiertan a la población, demuestran que quieren un cambio. Quieren vivir en la Venezuela de la que hablan sus padres, ya que muchos de estos jóvenes no han tenido la oportunidad de vivir en un gobierno diferente. Quieren gente digna, responsable y que amen a su país, esos chicos están luchando por un futuro mejor y la verdad es que aplaudo (de pie) la valentía que han tenido de enfrentarse a esas personas sin escrúpulos que están con el gobierno, incluyo ahí a la Guardia Nacional y los efectivos policiales. Yo no tendría la mitad de la valentía de algunos de esos chicos.

Lamento también todas las injusticias que han sufrido algunos, han sido brutalmente abusados física y  mentalmente y hasta de forma sexual. No hay derecho para ese tipo de acciones, sobre todo cuando los protestantes no tienen cómo defenderse. Aunque estoy segura que encontraran la forma de hacerlo. Está bien que quieran fomentar la lucha pacífica, pero seamos objetivos, llegará el momento en que esos muchachos empiecen a responder de la misma forma en la que están siendo atacados. Probablemente no tengan ni la mitad de armas con las que el gobierno ha abastecido a sus vándalos, pero tendrán algo que puede llegar a ser peor: desesperación y frustración que llegan a transformarse en una ira ciega mucho más peligrosa que cualquier arma.

Son muchos los Venezolanos que ya se sienten así. No subestimen al más débil porque podría darles una sorpresa.

Sí, estoy lejos y no puedo ayudar de otra forma que no sea por las redes sociales, pero es inevitable sentirse preocupado y con una profunda tristeza ante los hechos, no solo porque soy venezolana, sino porque también, soy humana.

Muchos lamentamos la muerte de Tío Simón. Muchos opinan que no han podido rendirle el homenaje que se merece por lo que está ocurriendo en el país. Pues yo creo que le están rindiendo el mejor homenaje que se le pueda hacer a un hombre que nos llenó de tanto orgullo:

Están rescatando la Venezuela que todos queremos, la que se quedó atrás, la de Tío Simón, la que yo recuerdo con tanto cariño.